Diario de un encuentro (7) - 5 de julio de 2006 - 5º día de la novena de la Familia

De Congreso, con Dios en el corazón
Hoy tengo que decir que estoy, aún, emocionado.
Ha sido un día intenso el de ayer, y mientras escribo esto, a las 22:45 del mismo ayer 4 de julio, para este hoy, 5 de julio, en una vuelta atrás que me gusta y amo, tengo que decir, repito, que la emoción ha culminado su trabajo, y si a esto sumamos que estoy oyendo el disco compacto que el grupo Alborada, el mismo que ha elaborado la canción oficial titulada “En Familia” y que la canción que estoy escuchando, una y otra vez, es “Elegida de Dios” en la que dice, entre otras cosas que “María dijo sí arriesgando muchas cosas, confió en el Espíritu y asintió”, pues qué quieren que les diga, trabajo me cuesta reprimir, ¡que no quiero!, las lágrimas que en este momento me caen.
Pero sé que tengo que continuar. Quizá alguien espere leer qué sucedió en el día de ayer, hoy mientras escribo esto, y no puedo defraudar a esa persona que, quizá sea sólo un sueño, cree tener, en esta humilde fuente que soy yo, un contacto más cercano a esto del Encuentro de las Familias.
Y así, vamos a lo de ayer-hoy.
Nos recibe una música celestial, se oye estupendamente, y sale de las bocas de un coro al que comanda el maestro del mismo, al órgano. La sala es impresionante, miles, miles, de sillas bien dispuestas, a las que les han colocado ejemplares, uno por cada día de los transcurridos hasta hoy desde el 1 de julio, del periódico “Paraula”, del Arzobispado de Valencia, que, a modo de prensa oficial del evento, elabora una edición diaria, gratuita (¡sí señor, tremendo esfuerzo el que hacen!, cuando, en tiempos ordinarios, sale un ejemplar a la semana, pues es un semanario). Desde aquí las gracias, miles, tantos como personas van a ser conocedoras de lo que pasa de primera mano, directamente, en el ya de ahora mismo. ¡Un gran aplauso!. Gracias, repito. Porque, además, viene en varios idiomas, incluido el latín. ¡Chapeau!.
Como dije ayer, se ha suspendido, causa de eso es el accidente del metro de ayer 3 de julio, el acto formal de comienzo de los Congresos Teólogico-Pastoral, de los Hijos y de los Abuelos. Y, directamente, tras una oración y la lectura del Evangelio, el Emmo. y Rvdmo. Card. Alfonso López Trujillo - Presidente del Pontificio Consejo para la Familia- ha dado explicación de la razón de que la tarde de hoy sería más corta, pues tenían intención de acudir, como no podía ser de otra forma, al funeral a celebrar en la catedral de Valencia, a las 7 de la tarde, cuando todo esto del Congreso, debía de terminar a las 8’30. Sin embargo, todo fue aceptado con gozo, porque la razón merecía la pena. Esa oración en ese recinto sagrado vale por todas las ponencias que se han acortado y la misma del Cardenal Trujillo que ha tenido que dejarla para otro mejor momento.
Muchas veces, creo que muchas personas pensarán esto, cuando una cosa se concentra, el resultado mejora, si cabe, lo que iba a ser extenso, como un, a modo, de esencia que, al destilarse en los oídos, los colma de dicha. Y creo, modestamente, que esto ha sido así.
Los dos ponentes que quedaban para decir lo suyo, el Emmo. y Rvdmo. Card. Carlo Caffarra - Arzobispo de Bolonia, Italia y el Profesor Xavier Lacroix – Decano de la Facultad de Teología, Universidad de Lyón, Francia, han desarrollado sus ponencias de forma concentrada, haciendo más de una indicación de que se saltaban algún párrafo para que se comprendiera el hilo de la ponencia. “Familia y laicidad” el primero de ellos, "La familia y el primado de la fe en un mundo secularizado", el segundo. Dos temas actuales, de hoy, importantes, decisivos, incluso.
Por decir algo de cada uno de ellos, a los dos se les oía con gusto, ensimismado, yo, por el conocimiento que tenían de lo que hablaban, diré que el Sr. Cardenal Cafarra, al hablar de laicidad se ha mostrado bastante preocupado por la situación actual, llegando a decir que “se está oscureciendo la verdad del matrimonio”, con todo lo que esto supone para el desarrollo de una sociedad que ha de sustentarse en la igualdad y no en el beneficio, negativo, de las parejas homosexuales (esto lo dijo en relación a una norma aprobada en enero de este año por el Parlamento europeo en el que se supravalora la unión de homosexuales y se llega a tratar de homófobas a aquellas personas que puedan atacar, de cualquier forma, aquella idea de que, supuestamente, vale tanto un matrimonio, el heterosexual, como el otro, que, además, no es, ni puede serlo nunca) y que todo esto, ese intento de hacer descreída a una sociedad sólo pueda tener como consecuencia de hacer una sociedad de desconocidos, lo que acabará, irremisiblemente digo yo, con lo que él ha llamado con el establecimiento de una sociedad en la que se negocie la coexistencia, en unos egoísmos opuestos. Nada edificante, a lo que parece.
Sin embargo, dejó dicho algo positivo y fue lo que sigue: el hombre, el ser humano, se ha de apoyar, para su existir, en la belleza y la santidad, que no es otra cosa que “el esplendor de la verdad y de la bondad propia de la persona humana”. Eso es mucho mejor, para acabar, creo yo.
Por su parte, el Sr. Lacroix, como laico, y, por eso, pienso yo, arraigado muy bien, supongo yo, en la sociedad plural de Francia, conocedor de la problemática de la familia, ha incidido en el propio hecho de ese grupo humano que constituye la célula básica que siempre nombramos así y que no es otra cosa que la familia.
Destacó que las familias cristianas son signo para el mundo de hoy, tan apartado de Dios, añado yo, y por eso, los valores que definen a las mismas son muy distintos de los valores de la sociedad en la que viven, esto lo dice él. Pero para querer de verdad hay que creer en las posibilidades del otro porque la confianza es nuestra fuente de vida.
Ha hablado de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad, como instrumentos, esto lo digo yo, de la vida matrimonial y, analizando cada una de ellas, nos ha, me ha, hecho comprender que, efectivamente, son elementos tan importantes que sin ellos no es posible entender la vida matrimonial que pueda ir, siquiera, medio bien. Y ha traído a colación una expresión de Benedicto XVI y es que la Familia es una analogía del misterio de la Trinidad, y yo creo que esto ha sido muy interesante porque es enriquecedor que personas que conozcan de lo que hablan ayuden a los que tratamos de forjar una vida mejor, y esta vida mejor es sustentará bien si los pilares son fuertes, si no aniquilamos el alimento diario del amor y la comprensión.
También ha hablado, como no podía ser de otra forma, de la relación entre padres e hijos. Ésta se ha cimentar sobre la fidelidad, sobre la fides (ha utilizado este término latino que yo creo que está muy bien traído) porque, ha dicho, no se puede transmitir la vida sin fe en la vida, y que cada hijo lleva un misterio que la ciencia no puede explicar y que en los ojos de un recién nacido pueden verse misterios vertiginosos, ejemplo claro de que es un Don, una gracia, un regalo de parte de Dios que es Padre de esa creación.
Ha traído una frase que a mí me gusta mucho, porque la he utilizado muchas veces en la catequesis con los padres de niños en vías de su primera comunión. Y esta no es otra que la dicha por Ciprinano de Cartago y que la Iglesia es madre y Dios Padre. A mí me gusta, sobre esto, y lo digo por aquellas personas que dicen que creen en Dios pero no en la Iglesia, aquella derivación de aquella que dice que no puede tener como Padre a Dios si no tiene a la Iglesia como madre. Creo que, con esto está todo dicho, al respecto porque es, creo, inapelable. Y que ha casi rematado su intervención diciendo que nuestra 1ª Familia es la Iglesia, es la mejor comunión.
Y con esto nos hemos ido, casi dos horas y media antes de lo previsto por sucedido, imprevisto, ayer, en las vías de la estación de Jesús, viniendo de la de Plaza España. Y es que las lágrimas, con las que empecé este escrito, y que venían de la contemplación del día 3 de julio (¡ya han pasado dos días!) y de todo lo sucedido, no pueden hacer otra cosa que tornar donde solían, a marcar un camino cierto, una senda que recorrer con la amargura del adiós y la seguridad de vernos en el Reino de Dios, donde todos seamos uno en Cristo, allí, donde no hará falta esperanza porque habremos colmado nuestra dicha, donde no hará falta fe porque no será necesario creer sin haber visto porque veremos y donde sólo, sólo, la caridad prevalecerá, ley suprema del Reino de Dios y de aquí también, entre estos mortales más mortales, ahora, que nunca.
Amén, Amén, Amén.
Es así como sigue este diario. Día 5º de la novena de las Familias:
5 de julio de 2006, miércoles, festividad de S. Antonio María Zacarías.
Hoy tengo que decir que estoy, aún, emocionado.
Ha sido un día intenso el de ayer, y mientras escribo esto, a las 22:45 del mismo ayer 4 de julio, para este hoy, 5 de julio, en una vuelta atrás que me gusta y amo, tengo que decir, repito, que la emoción ha culminado su trabajo, y si a esto sumamos que estoy oyendo el disco compacto que el grupo Alborada, el mismo que ha elaborado la canción oficial titulada “En Familia” y que la canción que estoy escuchando, una y otra vez, es “Elegida de Dios” en la que dice, entre otras cosas que “María dijo sí arriesgando muchas cosas, confió en el Espíritu y asintió”, pues qué quieren que les diga, trabajo me cuesta reprimir, ¡que no quiero!, las lágrimas que en este momento me caen.
Pero sé que tengo que continuar. Quizá alguien espere leer qué sucedió en el día de ayer, hoy mientras escribo esto, y no puedo defraudar a esa persona que, quizá sea sólo un sueño, cree tener, en esta humilde fuente que soy yo, un contacto más cercano a esto del Encuentro de las Familias.
Y así, vamos a lo de ayer-hoy.
Nos recibe una música celestial, se oye estupendamente, y sale de las bocas de un coro al que comanda el maestro del mismo, al órgano. La sala es impresionante, miles, miles, de sillas bien dispuestas, a las que les han colocado ejemplares, uno por cada día de los transcurridos hasta hoy desde el 1 de julio, del periódico “Paraula”, del Arzobispado de Valencia, que, a modo de prensa oficial del evento, elabora una edición diaria, gratuita (¡sí señor, tremendo esfuerzo el que hacen!, cuando, en tiempos ordinarios, sale un ejemplar a la semana, pues es un semanario). Desde aquí las gracias, miles, tantos como personas van a ser conocedoras de lo que pasa de primera mano, directamente, en el ya de ahora mismo. ¡Un gran aplauso!. Gracias, repito. Porque, además, viene en varios idiomas, incluido el latín. ¡Chapeau!.
Como dije ayer, se ha suspendido, causa de eso es el accidente del metro de ayer 3 de julio, el acto formal de comienzo de los Congresos Teólogico-Pastoral, de los Hijos y de los Abuelos. Y, directamente, tras una oración y la lectura del Evangelio, el Emmo. y Rvdmo. Card. Alfonso López Trujillo - Presidente del Pontificio Consejo para la Familia- ha dado explicación de la razón de que la tarde de hoy sería más corta, pues tenían intención de acudir, como no podía ser de otra forma, al funeral a celebrar en la catedral de Valencia, a las 7 de la tarde, cuando todo esto del Congreso, debía de terminar a las 8’30. Sin embargo, todo fue aceptado con gozo, porque la razón merecía la pena. Esa oración en ese recinto sagrado vale por todas las ponencias que se han acortado y la misma del Cardenal Trujillo que ha tenido que dejarla para otro mejor momento.
Muchas veces, creo que muchas personas pensarán esto, cuando una cosa se concentra, el resultado mejora, si cabe, lo que iba a ser extenso, como un, a modo, de esencia que, al destilarse en los oídos, los colma de dicha. Y creo, modestamente, que esto ha sido así.
Los dos ponentes que quedaban para decir lo suyo, el Emmo. y Rvdmo. Card. Carlo Caffarra - Arzobispo de Bolonia, Italia y el Profesor Xavier Lacroix – Decano de la Facultad de Teología, Universidad de Lyón, Francia, han desarrollado sus ponencias de forma concentrada, haciendo más de una indicación de que se saltaban algún párrafo para que se comprendiera el hilo de la ponencia. “Familia y laicidad” el primero de ellos, "La familia y el primado de la fe en un mundo secularizado", el segundo. Dos temas actuales, de hoy, importantes, decisivos, incluso.
Por decir algo de cada uno de ellos, a los dos se les oía con gusto, ensimismado, yo, por el conocimiento que tenían de lo que hablaban, diré que el Sr. Cardenal Cafarra, al hablar de laicidad se ha mostrado bastante preocupado por la situación actual, llegando a decir que “se está oscureciendo la verdad del matrimonio”, con todo lo que esto supone para el desarrollo de una sociedad que ha de sustentarse en la igualdad y no en el beneficio, negativo, de las parejas homosexuales (esto lo dijo en relación a una norma aprobada en enero de este año por el Parlamento europeo en el que se supravalora la unión de homosexuales y se llega a tratar de homófobas a aquellas personas que puedan atacar, de cualquier forma, aquella idea de que, supuestamente, vale tanto un matrimonio, el heterosexual, como el otro, que, además, no es, ni puede serlo nunca) y que todo esto, ese intento de hacer descreída a una sociedad sólo pueda tener como consecuencia de hacer una sociedad de desconocidos, lo que acabará, irremisiblemente digo yo, con lo que él ha llamado con el establecimiento de una sociedad en la que se negocie la coexistencia, en unos egoísmos opuestos. Nada edificante, a lo que parece.
Sin embargo, dejó dicho algo positivo y fue lo que sigue: el hombre, el ser humano, se ha de apoyar, para su existir, en la belleza y la santidad, que no es otra cosa que “el esplendor de la verdad y de la bondad propia de la persona humana”. Eso es mucho mejor, para acabar, creo yo.
Por su parte, el Sr. Lacroix, como laico, y, por eso, pienso yo, arraigado muy bien, supongo yo, en la sociedad plural de Francia, conocedor de la problemática de la familia, ha incidido en el propio hecho de ese grupo humano que constituye la célula básica que siempre nombramos así y que no es otra cosa que la familia.
Destacó que las familias cristianas son signo para el mundo de hoy, tan apartado de Dios, añado yo, y por eso, los valores que definen a las mismas son muy distintos de los valores de la sociedad en la que viven, esto lo dice él. Pero para querer de verdad hay que creer en las posibilidades del otro porque la confianza es nuestra fuente de vida.
Ha hablado de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad, como instrumentos, esto lo digo yo, de la vida matrimonial y, analizando cada una de ellas, nos ha, me ha, hecho comprender que, efectivamente, son elementos tan importantes que sin ellos no es posible entender la vida matrimonial que pueda ir, siquiera, medio bien. Y ha traído a colación una expresión de Benedicto XVI y es que la Familia es una analogía del misterio de la Trinidad, y yo creo que esto ha sido muy interesante porque es enriquecedor que personas que conozcan de lo que hablan ayuden a los que tratamos de forjar una vida mejor, y esta vida mejor es sustentará bien si los pilares son fuertes, si no aniquilamos el alimento diario del amor y la comprensión.
También ha hablado, como no podía ser de otra forma, de la relación entre padres e hijos. Ésta se ha cimentar sobre la fidelidad, sobre la fides (ha utilizado este término latino que yo creo que está muy bien traído) porque, ha dicho, no se puede transmitir la vida sin fe en la vida, y que cada hijo lleva un misterio que la ciencia no puede explicar y que en los ojos de un recién nacido pueden verse misterios vertiginosos, ejemplo claro de que es un Don, una gracia, un regalo de parte de Dios que es Padre de esa creación.
Ha traído una frase que a mí me gusta mucho, porque la he utilizado muchas veces en la catequesis con los padres de niños en vías de su primera comunión. Y esta no es otra que la dicha por Ciprinano de Cartago y que la Iglesia es madre y Dios Padre. A mí me gusta, sobre esto, y lo digo por aquellas personas que dicen que creen en Dios pero no en la Iglesia, aquella derivación de aquella que dice que no puede tener como Padre a Dios si no tiene a la Iglesia como madre. Creo que, con esto está todo dicho, al respecto porque es, creo, inapelable. Y que ha casi rematado su intervención diciendo que nuestra 1ª Familia es la Iglesia, es la mejor comunión.
Y con esto nos hemos ido, casi dos horas y media antes de lo previsto por sucedido, imprevisto, ayer, en las vías de la estación de Jesús, viniendo de la de Plaza España. Y es que las lágrimas, con las que empecé este escrito, y que venían de la contemplación del día 3 de julio (¡ya han pasado dos días!) y de todo lo sucedido, no pueden hacer otra cosa que tornar donde solían, a marcar un camino cierto, una senda que recorrer con la amargura del adiós y la seguridad de vernos en el Reino de Dios, donde todos seamos uno en Cristo, allí, donde no hará falta esperanza porque habremos colmado nuestra dicha, donde no hará falta fe porque no será necesario creer sin haber visto porque veremos y donde sólo, sólo, la caridad prevalecerá, ley suprema del Reino de Dios y de aquí también, entre estos mortales más mortales, ahora, que nunca.
Amén, Amén, Amén.
Es así como sigue este diario. Día 5º de la novena de las Familias:
5 de julio de 2006, miércoles, festividad de S. Antonio María Zacarías.
Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho


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