Encuentro Mundial Familias en Valencia

Blog de Ecclesia Digital sobre el encuentro de Benedicto XVI con las familias en Valencia.Como es obvio y así acontece en todos los medios de comunicación, ECCLESIA Digital no se responsabiliza de los contenidos de sus textos, que son de la exclusiva responsabilidad de sus autores.

10 julio 2006

10 julio 2006 - Diario de un encuentro (y 12)


DEUS CARITAS EST
Espero que sepan perdonarme si hoy este diario que llevo escribiendo algunos días y que va referido al V Encuentro Mundial de las Familias corre por unos derroteros, digamos, más poéticos que de costumbre. No creo que sea capaz de evitar esto. Además, al escribir sobre la marcha, directamente, la emoción puede, a veces, más que la razón ya que, la fe y aquel raciocinio no son, sino, la misma cosa.

Dice Benedicto XVI en la Introducción de la Carta Encíclica que da título a este último diario del Encuentro, que “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida”.

Ayer 9 de julio de 2006 llegó ese gran momento. Momento especial, momento donde el sacrificio de nuestro hermano Jesús coadyuvó a nuestra justificación, momento radicalmente bueno, esencialmente necesario para que Dios, Padre suyo y Padre nuestro, cayera, otra vez, otra vez más, en la cuenta del perdón y misericordia que tantas veces prodigó con su pueblo Israel. Nosotros, como nuevo Israel también, también, tuvimos necesidad de ese perdón y de esa misericordia y gracias a su sangre, a la sangre que derramó desde el comienzo de su Pasión, hemos podido ser limpiados, mutando nuestra alma negra, tocada por el pecado, por otra blanca, pura, preparada para no pecar más, para ser merecedora de aquel perdón y de aquella misericordia.

Como han/hemos, creído en el amor, han/hemos, venido y, en muchos casos, como el mío, simplemente acercado hasta aquí, para, como ha dicho el Santo Padre en su homilía conclusiva, recibir un gran abrazo de paz. Ese abrazo lo hemos recibido de nuestro hermano en la Fe, Joseph, ahora ejerciendo ese ministerio fundamental para el católico, ese Papado que, como continuación a la figura de Pedro, no es más que una continuación, ya más que milenaria, de la labor sembradora de nuestro hermano Jesús.

Como han/hemos creído en el amor, estamos allí para aprender a transmitir la fe, porque la familia es una “comunidad de generaciones” y en esas generaciones, entre las que se encuentra la nuestra, no ha de cesar de llevar a cabo esa obligación arraigada en su propia naturaleza y que consiste en hacer ver que somos hijos de Dios y que en esa “filiación divina” está, se encuentra, y nace, el amor necesario para afrontar la tribulación que pasemos en este valle de lágrimas por el que pasamos, Reino de Dios ya, hasta que el verdadero Reino nos reciba.

Como han/hemos creído en el amor, sabemos que “toda familia tiene sus principios en Dios, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo”, dice Benedicto XVI y yo digo que cuando se peca contra alguna de esas tres personas, más si lo es contra la tercera, sabemos que no tenemos perdón, porque no se perdona el pecado contra el Espíritu Santo.

Como han/hemos creído en el amor, sabemos que “el origen de todo hombre está escrito en el proyecto del amor de Dios” y, por eso, hemos de seguir el plan que el Padre ha trazado para nosotros, escuchando, tratando de descifrar, con las mociones del Espíritu Santo a nuestro corazón, como dice la canción “Espíritu” del grupo Alborada, creador de la canción oficial del Encuentro y que estoy escuchando ahora mismo, mientras escribo esto. “me das fuerzas para seguirte hasta el final”. Que no sea para nosotros ese gran desconocido, que tratemos descubrir lo que nos dice, y lo que nos dice con relación a la familia es lo que el Símbolo Atanasiano recoge, que Jesús es “Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana“ y en esa perfección tenemos una fuente, inagotable, de la que mana un agua santa que ya probara aquella mujer samaritana que al ir a por agua de hombres encontró agua de Dios y eso la transformó.

Como han/hemos, venido, ido, aquí, allí, para expresar nuestra opción fundamental de nuestra vida, como indica, y he dicho antes, la Introducción de la primera Carta Encíclica del Santo Padre, es esa la que expreso, la que expresamos todos, eso al menos me gustaría creer a mí, la opción por una familia que, desde la concepción cristiana, transmite la fe, hace vivir los valores que tiene esa fe e infunde a sus miembros un sentido de comunidad muy alejado de esos “deseos subjetivos” (Benedicto XVI dixit) que pueblan, en la sociedad actual, el corazón del hombre. Así, sólo así, podrá pervivir la sociedad misma porque si ésta acaba con la familia, al ser célula básica de la sociedad, un cáncer muy grave acosará la pervivencia de ese gran grupo humano que, desde el individuo forma, comunitariamente, un claro modelo de Fe.

Así, entre muchas otras cosas que no cabrían en esta diario ya que sería excesivamente extenso, han transcurrido estas dos horas de Eucaristía que, a mí, me han parecido cortas, seguramente porque hoy, a diferencia de ayer, como ya dije, nos hemos situado en un lugar muy adecuado, bajo unos árboles, con sombra, y a unos 20 metros de una pantalla gigante, y, por eso todo lo hemos visto muy bien, sin los agobios de lo imprevisto, que todo lo enturbian.

Y es que, a veces, la Providencia, prodiga sus favores con según quien sin, seguro, merecimiento alguno. Por lo menos en lo que se refiere a mí mismo, no escribo por los demás.

Gracias por haber soportado esta serie de diarios, a quien haya sido capaz de hacerlo.

Nos veremos, o leeremos, seguro, cuando Dios quiera.

Amén, o sea, así sea.


Es así como termina este diario.
10 de julio de 2006, lunes, festividad de Sta. Rufina


¡A mayor gloria de Dios!

Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho