Encuentro Mundial Familias en Valencia

Blog de Ecclesia Digital sobre el encuentro de Benedicto XVI con las familias en Valencia.Como es obvio y así acontece en todos los medios de comunicación, ECCLESIA Digital no se responsabiliza de los contenidos de sus textos, que son de la exclusiva responsabilidad de sus autores.

09 julio 2006

09 julio 2006 - Diario de un encuentro (11) - 9º día de la novena de la Familia


A ras de cielo

Cuando Benedicto XVI llegó, más o menos a las 9 de la noche de ayer, 8 de julio, al altar que le habían preparado primorosamente, ya llevábamos más de una hora y treinta minutos en el lugar más cercano que pudimos. Prácticamente a 50 metros de las primeras sillas más cercanas al sitio donde Su Santidad de sentaría establecimos nuestro pequeño campamento.

Tengo que decir, en honor de la verdad, que donde fuímos a parar ni había hierba ni había pantalla gigante que ver. O mejor dicho, había una, pero estaba en dirección contraria. De todas formas, con un pequeño ejercicio de atrevimiento pudímos colocarnos cerca de una de ellas que estaba situada, a penas, a 15 metros de donde, la casualidad, nos situó.

Esto lo escribo a las 2:33 minutos de la noche, o madrugada, del domingo 9 de julio de 2006, el día, ya, casi ahora mismo, en que el Santo Padre va a celebrar la Eucaristía conclusiva del V Encuentro Mundial de las Familias. La verdad, la verdad, es que hoy no voy a dormir mucho. Pero creo que vale la pena.

El ambiente que ha reinado en todo el “recorrido” (pues bien puedo llamarlo así, ya que era casi una prueba de obstáculos, cosas y personas, que había que sobrepasar para llegar al lugar asignado) las imágenes se las pueden imaginar, si es que no las han visto. Sí les puedo asegurar que el directo es mucho mejor, aunque el resultado de lo percibido en lo referido al acto, ha sido mucho peor pues, fácil es comprender que en casa, sentado en un sillón resulta más, como diría yo, placentero pero menos, mucho menos, entregado y, porqué no decirlo, sufrido. Y como yo creo que lo que se sufre se siente más (sin querer decir esto que haya que sufrir por sufrir; el caso es que creo que ya me entienden) pues por eso mismo voy a acudir hoy (iba a decir mañana sin darme cuenta de que ahora ya es hoy) a la tan esperada Eucaristía. Sin embargo, les aseguro, amables lectores, que me pondré en la primera pantalla giganta que pille, haciendo número de asistentes, quiero decir para que digan que había uno más, si eso es de lo que muchas veces se trata, pero que esta vez voy a enterarme de todo, homilía –sobre todo esto- incluida.

El gusto de caminar entre tantas personas desconocidas en lo personal pero hermanas en la fe es una sensación que no se puede explicar fácilmente. Es como si supieras que, andando por cualquier calle y en caso de que te pasara algo, siempre habría alguien que te ayudaría, que saldría en tu auxilio. Pues eso, eso es exactamente lo que sentía ayer al pasear entre miles, y miles, y miles de cristianos, católicos, universales, hermanos míos y, a la vez, tan extraños por no conocidos personalmente que eso, precisamente eso es, quizá, el hecho más maravilloso de todo este día.

Banderas de todos los colores, pieles, de personas, de todos los colores, tiendas de campaña de todos los colores, frases alusivas al evento de todos los colores, etc, etc, etc. Todo es diverso pero todo es, a la vez, único y unido, todo circula y discurre por el mismo camino, el que es la verdad y lleva a la vida. Ese Jesús que estaba colgado en una cruz en el altar, a unos pocos metros del sitio que tenía reservado Benedicto XVI, venía a decirnos que Él mismo había tenido que sufrir mucho por el Reino y que lo vivido era parte de ese aprendizaje necesario para conocerlo mejor y, sobre todo, ya que esto es muy importante, para conocernos mejor a nosotros mismos.

Muchas personas se quedaron a dormir en el río, que no lleva agua, claro, ya que, además de contar con unos inmensos espacios verdes donde poder dejar caer los huesos después de semejante paliza para el cuerpo pero tanto beneficio para el alma también cuenta con miles de fuentes que han hecho colocar, para la ocasión, los responsables de toda la organización. Lo tienen todo bien preparado y estoy seguro de ello, pero más seguro que ahora mismo es noche cerradísima, estoy que no olvidarán fácilmente esto que están viviendo. Yo creo que muchas veces no se trata de dinero sino de un querer integrarse más y mejor en esos grupos improvisados que a lo largo del viejo cauce del RíoTuria se forman: ahora cantan, ahora entonan bendiciones para el Papa, ahora se pararán a rezar. Creo yo que, como dije ayer, y tan sólo basándose en este hecho que he certificado antes, muchas personas encontrarán una vocación, que no tiene que ser la sacerdotal ni religiosa, sino, me refiero, aunque también aquellas, a un cambio en su existir, en un querer ayudar sin pedir nada a cambio, etc.

Yo ahora, ya no tengo nada más que decir. Sí tengo que decir que mañana mismo me lanzaré, en cuanto sea capaz, a leer todo lo que pueda de los varios discursos que Benedicto XVI pronunció en el día de ayer porque, si no lo hago así, este Encuentro habrá quedado muy cojo, casi se caería al suelo si hiciera caso omiso a lo dicho por el Santo Padre.

Ahora mismo, me voy a preparar para ahora, ya, acudir a la Eucaristía que, como es fácil enteder, es un acto muuy especial y esperado,del cual, seguro, obtendré,obtendremos, frutos abundantes.

Ya nos situaremos delante de este folio en blanco que, aunque digital, no deja de ser folio en blanco. Allí nos veremos, es un decir, claro.

Es así como sigue este diario. Día 9º de la novena de las Familias:
9 de julio de 2006, domingo, festividad de Bta. Juana Scopelli.


Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho