Encuentro Mundial Familias en Valencia

Blog de Ecclesia Digital sobre el encuentro de Benedicto XVI con las familias en Valencia.Como es obvio y así acontece en todos los medios de comunicación, ECCLESIA Digital no se responsabiliza de los contenidos de sus textos, que son de la exclusiva responsabilidad de sus autores.

06 julio 2006

06 julio 2006 - Diario de un encuentro (8) - 6º día de la novena de la Familia


Un stand con vistas (impresiones desde un stand)

Algunas personas tenemos una serie de ocupaciones, diversas, que, a veces, nos ayuda a superar nuestra capacidad de ser persona.

A veces, en determinadas ocasiones, no podemos evitar sentirnos en un mundo mejor, alejado de la tristeza que, en muchas ocasiones, nos presenta el presente.

Ayer, 5 de julio, tuve que cambiar mi agenda (ya sé que esto suena muy pretencioso pero las cosas son como son) La causa fue la que sigue: en lugar de participar en el Congreso Teológico-Pastoral en el que estoy inscrito, tuve que prestar mis manos, boca, etc, en un stand que, entre otras cosas, sobre catequesis familiar, tiene la editorial CCS, más que conocida por todos. Esto no lo digo para hacer propaganda sino para explicar donde estaba.

Stand nº 145.

A mi izquierda el stand de “Ayuda a la Iglesia necesitada”, a mi izquierda “Paulinas”, una editorial también muy conocida, justo detrás la editorial “Alfredo Ortells, S.L.”, especializada en la elaboración de ediciones primorosas, por ejemplo, de la Santa Biblia (esto lo puedo atestiguar por el hecho de que poseemos, mi familia y yo, una de ellas, digna de ver y disfrutar)

Allí estaba yo, y como esto forma parte, también, del V Encuentro Mundial de las Familias, y está dentro de la Feria Internacional de las Familias, concretamente en la Zona Expositiva, pues, por eso mismo, lo cuento.

He tenido, hoy, gratas impresiones. Se ha ensanchado mi corazón puedo decir con verdad y, por si esto fuera poco o, mejor dicho, como causa de todo esto, he tenido el placer de conocer a un obispo colombiano, cuyo nombre omito por razones de cierta seguridad (pues nunca se sabe donde pueden llegar las malas manos del maligno que en aquella nación, a resultas de lo dicho por el Sr. Obispo, campa a sus anchas) de una Diócesis la cual tampoco voy a nombrar. Espero sepan perdonarme. Quizá, todo esto, pueda resultar excesivo para cualquier persona que sienta, de veras, estas cosas. Sin embargo estos magnos acontencimientos hay que aprovecharlos todo lo que se pueda, pues lo que se percibe aquí es difícil de repetir y, a lo mejor, es la última vez que yo, personalmente, acudo a cosas como estas. Por eso hay que tomarlo como lo que es, como oro en paño, como un oásis en el que aliviar nuestra sed de fe.

Tengo que decir que, para no tirar piedras sobre mi tejado o, mejor, para echar flores sobre él, en cuanto ví, y pude, aprovechando un hueco de personas preguntantes en mi stand, me acerqué al apartado que la revista Ecclesia tenía allí. Me trataron muy amablemente, me entregaron varios ejemplares de la misma que guardé como un gran tesoro (acostumbrado como estoy a verla en la pantalla del ordenador sin llegar, nunca, a tocar, sus hojas) porque para mí son un gran tesoro. Eché un vistazo para ver lo que tenían y, con mis revistas bajo el brazo me dirijí hacia mi stand para continuar con mi humilde labor.

Con las cosas que he podido ver (hago este verbo presente para hacerlo cercano, de ahora, de ya) en aquellas casi 7 horas que permanecí tratando de explicar qué es eso “tan extraño” de la catequesis familiar, podría escribir 2 o 3 diarios como este que están, ahora, leyendo. Sin embargo, ahora me limitaré a decir algo de lo que o veía desde mi stand y, claro, en las veces que he salido a visitar todo lo que he podido.

No será extraño, ni le causará estupor a nadie, si digo que, este apartado de la Feria de las Familias es como una sede de las Naciones Unidas pues es fácil ver, y escuchar en sus lenguas, a personas de muchas partes del mundo, y de todos los colores de piel (desde aquí mi profundo respeto por todas ellas) por lo que la riqueza de entablar conversación con cualquier persona que ha venido allende los mares no se paga con todo el oro del mundo. Ni tampoco la posibilidad de conocer las múltiples, múltiples, múltiples (no me he equivocado, lo he puesto a caso hecho, en su verdadero sentido, de requetemúltiples) realidades que tiene la Iglesia, y esa forma de ser uno solo. ¡Esto, creo yo, es maravilloso!.

Todo es riqueza, desde las muchas editoriales, como he dicho antes, pasando por emisoras de radio y televisión católicas, múltiples órdenes religiosas que nos emocionan con sus hábitos (¡hoy día que tan extraño es verlos!), diversos movimientos (Focolares, Opus Dei, Congregación de los Legionarios de Cristo -¡Tan denostados últimamente, al menos eso se intenta-, Movimiento de la Vida Cristiana, muchas fundaciones (Acción Franciscana, Ad Gentes, Dasyc, Juan Pablo II, San Vicente Mártir, etc, etc, etc) y muchos más que espero me perdonen no haberlos nombrado. Aunque no puedo dejar de nombrar a unos visitantes muy especiales, que yo ya añoro en este corto tiempo que ha pasado desde que abandonamos, ayer a las 9 de la noche, cuando cerraron, aquellas instalaciones. No son otros que los representantes de las tiendas que en Tierra Santa (lo escribo todo en mayúsculas porque para mí lo es, mayúsculo) que han traído aquello que fabrican y hacen con sus manos, para que disfrutemos todos, gocemos y por qué no, lloremos, al tener en nuestras manos un pequeño puñado de la tierra que pisó Jesús, una minúscula cantidad de agua del río Jordán, o una cruz hecha con olivo de Belén. Son pequeñas cosas, quizá insignificantes, pero que son símbolo importante de nuestra fe y en esto también se nota esa falta, su falta.

Antes de ir acabando, tengo que hacer mención de la Asociación Civil Fundación Betania, de Venezuela que, además de obsequiarnos con agua bendita de la cueva donde se apareció la Virgen, por primera vez el 25 de marzo de 1976, junto con una dulzura y amabilidad que son de destacar, nos obsequiaron, digo, con cuatro piezas cantadas a coro (al menos yo oí cuatro) para acabar con una Salve maravillosa. ¡Gracias y gracias!, ¡Que Dios bendiga a esa santa nación venezolana!.

El caso es que en todo aquel maremagnum, bien ordenado, eso sí, se respira un ambiente de paz, de alegría, de entrega por los demás, de ganas de informar, de dar a conocer, de darse a conocer, de manifestar esa voluntad tan necesaria hoy día del “estoy aquí, escucha lo que digo porque quiero decirte que soy feliz, y quiero que tú también lo seas”. Ese ambiente de gozo se palpa: ni una mala cara, ni un mal gesto, todo es amabilidad, donación gratuita de tiempo y, muchas veces, de bienes materiales que, hay que decirlo, facilita el conocimiento mútuo. ¡Y qué decir de los voluntarios!, todo agradecimiento es poco.

Es, todo esto, todo lo que yo he visto desde mi stand, mucho rato parado mirando a quien pasaba, religioso, laico, blanco, negro, amarillo, con trajes propios de sus naciones, con sus banderas (todas bajo la misma bandera de Dios), con sus propias cosas que compartir; todo esto, digo, y repito que es una sensación tan cierta como que ahora es noche cerrada, que ya estoy deseando que llegue el momento de volver, esta tarde, la de hoy 6 de julio de 2006, momento en el cual del reencuentro con esa gracia de Dios sólo puede salir bienestar para el alma, un dulce fruto que recogerá mi corazón, ya dispuesto, él mismo, para ser sembrado por la semilla del amor y de la fe. Y yo, con esto, ya tengo bastante.

Es así como sigue este diario. Día 6º de la novena de las Familias:
6 de julio de 2006, miércoles, festividad de Sta. María Goreti.


Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho