Encuentro Mundial Familias en Valencia

Blog de Ecclesia Digital sobre el encuentro de Benedicto XVI con las familias en Valencia.Como es obvio y así acontece en todos los medios de comunicación, ECCLESIA Digital no se responsabiliza de los contenidos de sus textos, que son de la exclusiva responsabilidad de sus autores.

10 julio 2006

10 julio 2006 - Diario de un encuentro (y 12)


DEUS CARITAS EST
Espero que sepan perdonarme si hoy este diario que llevo escribiendo algunos días y que va referido al V Encuentro Mundial de las Familias corre por unos derroteros, digamos, más poéticos que de costumbre. No creo que sea capaz de evitar esto. Además, al escribir sobre la marcha, directamente, la emoción puede, a veces, más que la razón ya que, la fe y aquel raciocinio no son, sino, la misma cosa.

Dice Benedicto XVI en la Introducción de la Carta Encíclica que da título a este último diario del Encuentro, que “Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida”.

Ayer 9 de julio de 2006 llegó ese gran momento. Momento especial, momento donde el sacrificio de nuestro hermano Jesús coadyuvó a nuestra justificación, momento radicalmente bueno, esencialmente necesario para que Dios, Padre suyo y Padre nuestro, cayera, otra vez, otra vez más, en la cuenta del perdón y misericordia que tantas veces prodigó con su pueblo Israel. Nosotros, como nuevo Israel también, también, tuvimos necesidad de ese perdón y de esa misericordia y gracias a su sangre, a la sangre que derramó desde el comienzo de su Pasión, hemos podido ser limpiados, mutando nuestra alma negra, tocada por el pecado, por otra blanca, pura, preparada para no pecar más, para ser merecedora de aquel perdón y de aquella misericordia.

Como han/hemos, creído en el amor, han/hemos, venido y, en muchos casos, como el mío, simplemente acercado hasta aquí, para, como ha dicho el Santo Padre en su homilía conclusiva, recibir un gran abrazo de paz. Ese abrazo lo hemos recibido de nuestro hermano en la Fe, Joseph, ahora ejerciendo ese ministerio fundamental para el católico, ese Papado que, como continuación a la figura de Pedro, no es más que una continuación, ya más que milenaria, de la labor sembradora de nuestro hermano Jesús.

Como han/hemos creído en el amor, estamos allí para aprender a transmitir la fe, porque la familia es una “comunidad de generaciones” y en esas generaciones, entre las que se encuentra la nuestra, no ha de cesar de llevar a cabo esa obligación arraigada en su propia naturaleza y que consiste en hacer ver que somos hijos de Dios y que en esa “filiación divina” está, se encuentra, y nace, el amor necesario para afrontar la tribulación que pasemos en este valle de lágrimas por el que pasamos, Reino de Dios ya, hasta que el verdadero Reino nos reciba.

Como han/hemos creído en el amor, sabemos que “toda familia tiene sus principios en Dios, en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo”, dice Benedicto XVI y yo digo que cuando se peca contra alguna de esas tres personas, más si lo es contra la tercera, sabemos que no tenemos perdón, porque no se perdona el pecado contra el Espíritu Santo.

Como han/hemos creído en el amor, sabemos que “el origen de todo hombre está escrito en el proyecto del amor de Dios” y, por eso, hemos de seguir el plan que el Padre ha trazado para nosotros, escuchando, tratando de descifrar, con las mociones del Espíritu Santo a nuestro corazón, como dice la canción “Espíritu” del grupo Alborada, creador de la canción oficial del Encuentro y que estoy escuchando ahora mismo, mientras escribo esto. “me das fuerzas para seguirte hasta el final”. Que no sea para nosotros ese gran desconocido, que tratemos descubrir lo que nos dice, y lo que nos dice con relación a la familia es lo que el Símbolo Atanasiano recoge, que Jesús es “Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana“ y en esa perfección tenemos una fuente, inagotable, de la que mana un agua santa que ya probara aquella mujer samaritana que al ir a por agua de hombres encontró agua de Dios y eso la transformó.

Como han/hemos, venido, ido, aquí, allí, para expresar nuestra opción fundamental de nuestra vida, como indica, y he dicho antes, la Introducción de la primera Carta Encíclica del Santo Padre, es esa la que expreso, la que expresamos todos, eso al menos me gustaría creer a mí, la opción por una familia que, desde la concepción cristiana, transmite la fe, hace vivir los valores que tiene esa fe e infunde a sus miembros un sentido de comunidad muy alejado de esos “deseos subjetivos” (Benedicto XVI dixit) que pueblan, en la sociedad actual, el corazón del hombre. Así, sólo así, podrá pervivir la sociedad misma porque si ésta acaba con la familia, al ser célula básica de la sociedad, un cáncer muy grave acosará la pervivencia de ese gran grupo humano que, desde el individuo forma, comunitariamente, un claro modelo de Fe.

Así, entre muchas otras cosas que no cabrían en esta diario ya que sería excesivamente extenso, han transcurrido estas dos horas de Eucaristía que, a mí, me han parecido cortas, seguramente porque hoy, a diferencia de ayer, como ya dije, nos hemos situado en un lugar muy adecuado, bajo unos árboles, con sombra, y a unos 20 metros de una pantalla gigante, y, por eso todo lo hemos visto muy bien, sin los agobios de lo imprevisto, que todo lo enturbian.

Y es que, a veces, la Providencia, prodiga sus favores con según quien sin, seguro, merecimiento alguno. Por lo menos en lo que se refiere a mí mismo, no escribo por los demás.

Gracias por haber soportado esta serie de diarios, a quien haya sido capaz de hacerlo.

Nos veremos, o leeremos, seguro, cuando Dios quiera.

Amén, o sea, así sea.


Es así como termina este diario.
10 de julio de 2006, lunes, festividad de Sta. Rufina


¡A mayor gloria de Dios!

Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho

09 julio 2006

09 julio 2006 - Diario de un encuentro (11) - 9º día de la novena de la Familia


A ras de cielo

Cuando Benedicto XVI llegó, más o menos a las 9 de la noche de ayer, 8 de julio, al altar que le habían preparado primorosamente, ya llevábamos más de una hora y treinta minutos en el lugar más cercano que pudimos. Prácticamente a 50 metros de las primeras sillas más cercanas al sitio donde Su Santidad de sentaría establecimos nuestro pequeño campamento.

Tengo que decir, en honor de la verdad, que donde fuímos a parar ni había hierba ni había pantalla gigante que ver. O mejor dicho, había una, pero estaba en dirección contraria. De todas formas, con un pequeño ejercicio de atrevimiento pudímos colocarnos cerca de una de ellas que estaba situada, a penas, a 15 metros de donde, la casualidad, nos situó.

Esto lo escribo a las 2:33 minutos de la noche, o madrugada, del domingo 9 de julio de 2006, el día, ya, casi ahora mismo, en que el Santo Padre va a celebrar la Eucaristía conclusiva del V Encuentro Mundial de las Familias. La verdad, la verdad, es que hoy no voy a dormir mucho. Pero creo que vale la pena.

El ambiente que ha reinado en todo el “recorrido” (pues bien puedo llamarlo así, ya que era casi una prueba de obstáculos, cosas y personas, que había que sobrepasar para llegar al lugar asignado) las imágenes se las pueden imaginar, si es que no las han visto. Sí les puedo asegurar que el directo es mucho mejor, aunque el resultado de lo percibido en lo referido al acto, ha sido mucho peor pues, fácil es comprender que en casa, sentado en un sillón resulta más, como diría yo, placentero pero menos, mucho menos, entregado y, porqué no decirlo, sufrido. Y como yo creo que lo que se sufre se siente más (sin querer decir esto que haya que sufrir por sufrir; el caso es que creo que ya me entienden) pues por eso mismo voy a acudir hoy (iba a decir mañana sin darme cuenta de que ahora ya es hoy) a la tan esperada Eucaristía. Sin embargo, les aseguro, amables lectores, que me pondré en la primera pantalla giganta que pille, haciendo número de asistentes, quiero decir para que digan que había uno más, si eso es de lo que muchas veces se trata, pero que esta vez voy a enterarme de todo, homilía –sobre todo esto- incluida.

El gusto de caminar entre tantas personas desconocidas en lo personal pero hermanas en la fe es una sensación que no se puede explicar fácilmente. Es como si supieras que, andando por cualquier calle y en caso de que te pasara algo, siempre habría alguien que te ayudaría, que saldría en tu auxilio. Pues eso, eso es exactamente lo que sentía ayer al pasear entre miles, y miles, y miles de cristianos, católicos, universales, hermanos míos y, a la vez, tan extraños por no conocidos personalmente que eso, precisamente eso es, quizá, el hecho más maravilloso de todo este día.

Banderas de todos los colores, pieles, de personas, de todos los colores, tiendas de campaña de todos los colores, frases alusivas al evento de todos los colores, etc, etc, etc. Todo es diverso pero todo es, a la vez, único y unido, todo circula y discurre por el mismo camino, el que es la verdad y lleva a la vida. Ese Jesús que estaba colgado en una cruz en el altar, a unos pocos metros del sitio que tenía reservado Benedicto XVI, venía a decirnos que Él mismo había tenido que sufrir mucho por el Reino y que lo vivido era parte de ese aprendizaje necesario para conocerlo mejor y, sobre todo, ya que esto es muy importante, para conocernos mejor a nosotros mismos.

Muchas personas se quedaron a dormir en el río, que no lleva agua, claro, ya que, además de contar con unos inmensos espacios verdes donde poder dejar caer los huesos después de semejante paliza para el cuerpo pero tanto beneficio para el alma también cuenta con miles de fuentes que han hecho colocar, para la ocasión, los responsables de toda la organización. Lo tienen todo bien preparado y estoy seguro de ello, pero más seguro que ahora mismo es noche cerradísima, estoy que no olvidarán fácilmente esto que están viviendo. Yo creo que muchas veces no se trata de dinero sino de un querer integrarse más y mejor en esos grupos improvisados que a lo largo del viejo cauce del RíoTuria se forman: ahora cantan, ahora entonan bendiciones para el Papa, ahora se pararán a rezar. Creo yo que, como dije ayer, y tan sólo basándose en este hecho que he certificado antes, muchas personas encontrarán una vocación, que no tiene que ser la sacerdotal ni religiosa, sino, me refiero, aunque también aquellas, a un cambio en su existir, en un querer ayudar sin pedir nada a cambio, etc.

Yo ahora, ya no tengo nada más que decir. Sí tengo que decir que mañana mismo me lanzaré, en cuanto sea capaz, a leer todo lo que pueda de los varios discursos que Benedicto XVI pronunció en el día de ayer porque, si no lo hago así, este Encuentro habrá quedado muy cojo, casi se caería al suelo si hiciera caso omiso a lo dicho por el Santo Padre.

Ahora mismo, me voy a preparar para ahora, ya, acudir a la Eucaristía que, como es fácil enteder, es un acto muuy especial y esperado,del cual, seguro, obtendré,obtendremos, frutos abundantes.

Ya nos situaremos delante de este folio en blanco que, aunque digital, no deja de ser folio en blanco. Allí nos veremos, es un decir, claro.

Es así como sigue este diario. Día 9º de la novena de las Familias:
9 de julio de 2006, domingo, festividad de Bta. Juana Scopelli.


Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho

08 julio 2006

08 julio 2006 - Diario de un encuentro (10) - 8º día de la novena de la Familia


Paisaje con cruz al fondo
Ayer, 7 de julio, cuando, por fin, sólo quedaba un día para que Benedicto XVI viniera a Valencia, nos acercamos, aunque por otros motivos, a la zona donde, junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias, se la elevado la cruz de Cristo, en el altar donde el Santo Padre llevará a cabo las dos esenciales presencias en esta ciudad del Túria: el testimonio de la familia de hoy, 8 de julio, a las 9 de la noche y la Eucaristía de mañana domingo, 9 de julio. A las 9’30 horas será la hora en la que el sucesor de Pedro presidirá este acto sacramental. ¡Por fin llegó el momento, tanto tiempo después de que Juan Pablo II...!, lo que todos sabemos.

Antes, como ya se ha anunciado, acudirá, como primer acto en Valencia, una vez aterrizado en Manises, a la estación de Jesús, donde la tragedia se cobró, ya, 42 vidas para la otra vida. Allí, junto a la oración y, seguro, las lágrimas, de miles de creyentes o no creyentes, elevará una súplica al Padre Eterno por las almas de estas personas. Con Él, aunque sea en la distancia, que la televisión acorta, estaremos todos, seguro estoy de eso.

Pero estaba escribiendo sobre el espacio que hemos visto ayer mismo. Caminando, desde el Oceanógrafico de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias te vas acercando hasta ese lugar donde todo se centrará y que convocará a miles, millón, quizá más, de personas. Como esos edificios del arquitecto Santiago Calatrava, más que conocido, valenciano por más señas y consciente de su fe, como yo mismo le he escuchado y leído, dan tal impresión que te dejan, literalmente, boquiabierto, hasta que no has avanzado bastante, pero bastante (¡cuánta impresión produce y cuánto recuerdo de la grandeza del Egipto de los faraones! porque hace grande a quien es capaz de semejante obra) no puedes ver dónde se encuentra la cruz que, incrustada, profunda y visible, en la columna que se ha construido, que no es más, ni menos, que la columna de la fe que, firme, se eleva al cielo. Pero una vez la contemplas, aunque sea en la distancia ya que, por motivos de seguridad, no nos han dejado avanzar más allá del puente que une las orillas del río Túria que se sitúa entre los edificios del arquitecto nombrado antes, digo que, una vez la contemplas sólo puedes creer, más aún, en Dios, en la fe que nos infunde en el corazón, en la huella que seguimos, en la espada que atravesó el corazón de María, como le profetizó Simeón.

El puente está engalanado con los colores del vaticano, con esos colores amarillo y blanco que tanto pueden verse por Valencia y por muchos pueblos de esta Comunidad nuestra en la que tratamos de arraigar nuestra existencia. A pesar de las campañas, que esperemos no acaben enturbiando el ambiente de fiesta que se vive, plenamente, con la llegada de miles de peregrinos de lejos de esta nuestra tierra, mi tierra, como dice Nino Bravo, el gran recordado, digo que, a pesar de esas campañas, estoy seguro que, según lo visto, que, poco a poco se ha ido elevando la temperatura de la fe, todo se desarrollará con la normalidad requerida: fe, fe, fe, y recuerdo, amor, entrega al que lo necesita, sombreros de todas clases para evitar el calor que, en esta época del año, atrae a tantos turistas pero que.... ¡vaya con el Lorenzo!, y todo el equipaje que nuestras creencias puedan aportar para vivir estos momentos que, a lo mejor, no volvemos a vivir en mucho tiempo.

¡Aún están a tiempo para venir, aún quedan unas horas para que todo empiece, para que, quizá, se marquen a fuego de amor, en el corazón de muchas personas, estos momentos!. Seguro estoy de que alguna que otra persona cambiará el rumbo de su existir porque le tocará alguna fibra sensible que le supondrá un replanteamiento de su vida. Ya lo verán, cuando con el tiempo se haga balance de esta visita. Más de una persona ya no podrá continuar con tal o cual proyecto porque habrá nacido una vocación que estaba esperando el momento para ser despertada, allí escondida o agazapada a la espera de un mejor momento del alma. Digo esto porque, a lo que parece, siempre pasa, según nos cuentan, que algunas, muchas veces muchas, cambian el modo de vivir por otro que, ahora y desde ese momento, es mejor para ellos. Eso creen, y yo también, pues es Dios el que les ha revelado eso y, ante esa revelación, ¡qué difícil ha de resultar oponerse!.

En cuanto al ambiente que puede percibirse, los grupos de peregrinos, que están llegando por todos los medios posibles (tren, autobús, avión, coches particulares) dan una alegría que tiene difícil parangón, que llenan las calles, todas, de Valencia. Menos mal que esta ciudad está acostumbrada a esa avalancha que se produce, todos los años, en las fiestas de S. José, más conocidas como las fallas, a las que acude, seguramente, más cantidad de personas. Sin embargo, las que nos visitan ahora lo hacen por un motivo que es, como diría yo, distinto pues a las ganas de acudir a este acontecimiento que está a punto de suceder, lo que les mueve es una fe y una creencia en la Familia digna de destacar. De otra forma no se entendería el esfuerzo, y no sólo económico, que están haciendo. Desde aquí, desde esta pantalla de ordenador, agradezco mucho lo que hacen y estoy seguro que Dios se lo agradecerá cuándo y cómo corresponda a cada uno. La paga de esto, de todas formas, ya la tienen adelantada al querer venir, al desear sentir lo que van a sentir. Esto, creo yo, es un buen adelanto.

Poco me queda por decir. Desde ese paisaje con cruz al fondo donde destaco el fondo mismo, tan sólo digo que hoy, cuando, sobre las 9 de la noche, Benedicto XVI suba al lugar que le tienen reservado, muchas personas, entre las que me encontraré yo mismo, seguramente, no podremos evitar que algunas lágrimas nos rediman de tanta espera, sean, para nosotros, un dulce fruto de nuestra fe.

Es así como sigue este diario. Día 8º de la novena de las Familias:
8 de julio de 2006, sábado, festividad de Sta. Priscila



Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho

07 julio 2006

07 julio 2006 - Diario de un encuentro (9) - 7º día de la novena de la Familia



Entre el amor y la paz

Ayer, 6 de julio de 2006, volví al stand del que ayer hice mención. Sin embargo, no han sido tantas horas sino que la cosa se ha limitado a 4, algo más de la mitad de ellas.

Ayer hubo un principio y un fin.

Las sensaciones de alegría han vuelto a producirse aumentadas porque, la verdad, es que la asistencia de personas era impresionante. Menos mal que la Feria de Valencia tiene unos locales inmensos, casi gigantescos y eso hace que el agobio no sea tanto como podría serlo.

He dicho que en el día de ayer hubo un principio y un fin. Esto ha dado lugar a que el título me viniera hecho. Entremedio de este principio y fin hay todo un discurrir de imágenes que llenarían el corazón de la persona más exigente, de aquel que necesite de muchas sensaciones agradables para sentir que su vida tiene sentido. Muchas caras conocidas, las de aquellos que estaban a cargo de los stands que, lógicamente, eran las mismas personas. Parece mentira que, en tan sólo unos días, puede entablarse cierta amistad que facilita el trato en ese especial ambiente que describí ayer y que percibo hoy igual pero nuevo, lo mismo pero otra cosa. No se si se me entenderá.

Pero voy con lo primero, con el principio. Acompañando a mi hijo a la parte de la Feria Internacional de las Familias dedicada a ludoteca hemos pasado por una parte en la que se puede jugar a fútbol, ese deporte en el que personas con el uso de sus extremidades de forma normal, por así decirlo, van detrás de un balón. Pues bien, en el día de hoy hemos podido asistir, digo en plural, a un ejemplo de cómo el cristiano puede acoger a aquellos que carecen de esa “normalidad” que todos entendemos como tal.

Allí, en aquel recinto no muy grande se desenvolvían 9 jóvenes, unos más y otros menos, claro. Sin embargo, estos jóvenes iban en silla de ruedas, unas sillas muy especiales, adaptadas a la problemática con la que todos contaban. Entre ellos se veían algunos que padecían alguna enfermedad física pero la mayoría eran, era obvio, lo que se llama “discapacitados síquicos”. Esto, lo puedo asegurar, acentuaba la importancia de lo que estábamos viendo y disfrutando. A esto yo lo llamo amor, amor por aquel que necesita del mismo, de aquel que se ve necesitado de ayuda, de aquel que ruega una mano que le alcance el stick (no sé si se escribe así, pero me refiero a ese instrumento que se utiliza en el hockey sobre patines) cuando, tras una jugada no muy rauda, eso sí, ha caído ese objeto con el que, a veces infructuosamente, trata de alcanzar la pequeña pelota.

No sé cómo se llama este deporte, esforzado por cada uno de los participantes, pero sí sé lo que supone. Supone, creo yo, el palpable espíritu del Espíritu, de la obligación cristiana de ayudar al que lo necesita, de ver, en esas personas, una buena oportunidad de darse, de entregar tu tiempo, de dar sin esperar nada a cambio, como bien podemos entender. Este deporte debería ser olímpico (ignoro si lo es) pero no de la olimpiada al uso sino de la olimpiada de la vida, de la que sólo se gana si se pierde: la vergüenza ante el respeto humano, el tiempo entregado, el corazón que te roben estas personas, quizá otra vocación que se prefería. Pero ese perder es ganar para el Reino de Dios porque sólo haciendo efectividad de los prodigios evangélicos del Jristós podemos decir que cumplimos esa voluntad que traía de parte del Padre.

Esto es, para mí, el amor del título de este diario, el amor que es caridad porque la caridad es la Ley suprema del Reino de Dios al que aspiramos y en este ejemplo tenemos modelo que seguir, que tomar como luminaria que ilumine nuestro posible camino egoísta. Pensar en la donación de las familias directas de estos jóvenes evitará cualquier tipo de comentario. Pero había más, hubo más en este 6 de julio de 2006.

¿Qué mejor que dar paso a la otra imagen (en este caso con sonido incluido) que, ya al final de este día pasado, me ha hecho pensar que esta Feria Internacional de las Familias está llena, siempre, de sorpresas a cada cual más agradable y llenadora de corazones.

En el Ágora, lugar multiusos donde tiene asiento toda celebración festiva, ha tenido lugar (¡lástima que no me haya dado cuenta antes!) un concierto de jóvenes que, con instrumentos de cuerda, batería y acordeón –ignoro el nombre del grupo- han dejado fluir de aquellos música que, a mí, me parecía judía y que hablaba, a tenor de lo dicho por uno de ellos, de paz. Shalom, más o menos escrito, sin esos signos a modo de acento hebreo.

Particularmente, por motivos religiosos y de otra clase tengo un especial interés por este tipo de música, por la cultura judía y por todo lo que la rodea. Creo que el pueblo judío, aquellos primeros nosotros, tiene algo más en común con los cristianos que sólo el Antiguo Testamento, que ya es mucho. Ahora no es el momento de decir nada de esto, pero las relaciones judeo-cristianas se encuentran entre uno de mis temas favoritos, que, con delectación devoro cuanto llega a mis manos sobre este tema. Como el propio Santo Padre Benedicto XVI tiene algunas cosas dichas sobre esto nada mejor que produndizar en este gusto que, reconozco, a lo mejor es muy particular y, por eso mismo, subjetivo (siendo esto una redundancia de fondo).

El caso es que, al final de estas piezas musicales en las que el violín, ese instrumento que tantas reminiscencias judías nos trae al escucharlo, juega un papel destacado, salieron unos niños que desplegaron una pancarta en la que, recortado el rostro del niño Jesús que contiene el icono hecho por Kiko Argüello para estos encuentros mundiales de la Familia y que, por cierto, se encuentra en el Ágora citada, podía leerse la siguiente frase: “Gracias, Señor, por haber nacido”. Dios, Creador, Dios Padre, Dios nuestro. ¡Qué más decir mejor!. Esta especie de cartel, llevado a manos de niños, a los que acompañaban una buena cantidad de otros, más pequeños y más grandes, ha acabado de redondear la escena. Los aplausos, que seguían, esa es otra, el ritmo de aquella pieza musical que hablada, directamente, de paz y que tuvieron que repetir, sonaron, digo, los aplausos, de forma estruendosa. ¡Qué imagen, qué recuerdo para acabar el día ferial!.

Por esto digo que el título que, como siempre, me ha sido dado sin esfuerzo por mi parte, sin tener, si quiera que buscarlo pues la propia realidad en la que estaba yo inmerso me lo da, es el que es: entre el amor y la paz. Entre una cosa, adorable seno de Dios y la otra, ejemplo a seguir por el hombre, mandato del Padre, tan sólo queda esperar a que pase, rápida pero sentidamente, este día viernes, de esta semana tan especial, tan especial, tan especial (y no me he equivocado al repetirlo) porque mañana sábado, 8 de julio de 2006, más o menos a las 11’30 de la mañana llega al Aeropuerto de Manises, casi a tiro de piedra de Valencia, Benedicto XVI. Antes, sobre las 8 de la mañana, en Torrent, pueblo donde vivo, el Cardenal Rouco Varela presidirá una Eucaristía para todos los que quieran asistir, claro, pero, entiendo que, sobre todo, para los peregrinos, ¡unos 6.000!, que han ido a recalar a Torrent, ciudad tan maltratada esta semana por el accidente del metro de Valencia y que tantas oraciones ha de haber recibido de parte de muchos desconocidos pero que, haciendo eso, acompañan en el amor fraterno a los que sufren. Seguramente, como no puede ser de otra forma, habrá un recuerdo para los fallecidos a los que ya imagino en el seno del Padre pensando que, allí, no se está tan mal. Eso espero yo, que así sea.

Bueno, en este día, 7 de julio, fiesta en otro lugar de España donde, con cierta temeridad, afrentan a los astados, también, aquí, junto a este Mediterráneo que es tan nuestro, esperamos, con alegría, la oración del Santo Padre en el lugar del suceso, ¡esa estación por la que tantas veces paso yo mismo!. Así, también así, demostrará ser Padre de sus hijos cristianos, o acompañante en el dolor a los que no lo sean, y Santo porque sólo los Santos fomentan el amor y la entrega.

Amén.
Es así como sigue este diario. Día 7º de la novena de las Familias:
7 de julio de 2006, viernes, festividad de S. Fermín.

Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho

Inolvidable experiencia de comunión



La parroquia de la Resurrección del Señor de Valencia, vivió el pasado jueves, día 6 de julio, una inolvidable fiesta con los peregrinos que se han alojado en el Centro Parroquial. Los actos comenzaron a las 8 de la tarde, con la celebración de la Eucaristía, presidida por el párroco, cantada y acompañada con guitarras, por los peregrinos procedentes de Mexico, que se alojan en nuestro centro parroquial. Al terminar, todos pudimos compartir una cena de confraternidad, durante la cual las dos comunidades, se intercambiaron regalos y recuerdos de ambos países. Al finalizar la cena, se inició una velada inolvidable, amenizada con cantos típicos de ambos países.
Gracias a la celebración del V Encuentro Mundial de la Familias en Valencia, ambas comunidades hemos compartido esta experiencia de fe.
Corresponsal: Pedro Miret Giner

06 julio 2006

06 julio 2006 - Diario de un encuentro (8) - 6º día de la novena de la Familia


Un stand con vistas (impresiones desde un stand)

Algunas personas tenemos una serie de ocupaciones, diversas, que, a veces, nos ayuda a superar nuestra capacidad de ser persona.

A veces, en determinadas ocasiones, no podemos evitar sentirnos en un mundo mejor, alejado de la tristeza que, en muchas ocasiones, nos presenta el presente.

Ayer, 5 de julio, tuve que cambiar mi agenda (ya sé que esto suena muy pretencioso pero las cosas son como son) La causa fue la que sigue: en lugar de participar en el Congreso Teológico-Pastoral en el que estoy inscrito, tuve que prestar mis manos, boca, etc, en un stand que, entre otras cosas, sobre catequesis familiar, tiene la editorial CCS, más que conocida por todos. Esto no lo digo para hacer propaganda sino para explicar donde estaba.

Stand nº 145.

A mi izquierda el stand de “Ayuda a la Iglesia necesitada”, a mi izquierda “Paulinas”, una editorial también muy conocida, justo detrás la editorial “Alfredo Ortells, S.L.”, especializada en la elaboración de ediciones primorosas, por ejemplo, de la Santa Biblia (esto lo puedo atestiguar por el hecho de que poseemos, mi familia y yo, una de ellas, digna de ver y disfrutar)

Allí estaba yo, y como esto forma parte, también, del V Encuentro Mundial de las Familias, y está dentro de la Feria Internacional de las Familias, concretamente en la Zona Expositiva, pues, por eso mismo, lo cuento.

He tenido, hoy, gratas impresiones. Se ha ensanchado mi corazón puedo decir con verdad y, por si esto fuera poco o, mejor dicho, como causa de todo esto, he tenido el placer de conocer a un obispo colombiano, cuyo nombre omito por razones de cierta seguridad (pues nunca se sabe donde pueden llegar las malas manos del maligno que en aquella nación, a resultas de lo dicho por el Sr. Obispo, campa a sus anchas) de una Diócesis la cual tampoco voy a nombrar. Espero sepan perdonarme. Quizá, todo esto, pueda resultar excesivo para cualquier persona que sienta, de veras, estas cosas. Sin embargo estos magnos acontencimientos hay que aprovecharlos todo lo que se pueda, pues lo que se percibe aquí es difícil de repetir y, a lo mejor, es la última vez que yo, personalmente, acudo a cosas como estas. Por eso hay que tomarlo como lo que es, como oro en paño, como un oásis en el que aliviar nuestra sed de fe.

Tengo que decir que, para no tirar piedras sobre mi tejado o, mejor, para echar flores sobre él, en cuanto ví, y pude, aprovechando un hueco de personas preguntantes en mi stand, me acerqué al apartado que la revista Ecclesia tenía allí. Me trataron muy amablemente, me entregaron varios ejemplares de la misma que guardé como un gran tesoro (acostumbrado como estoy a verla en la pantalla del ordenador sin llegar, nunca, a tocar, sus hojas) porque para mí son un gran tesoro. Eché un vistazo para ver lo que tenían y, con mis revistas bajo el brazo me dirijí hacia mi stand para continuar con mi humilde labor.

Con las cosas que he podido ver (hago este verbo presente para hacerlo cercano, de ahora, de ya) en aquellas casi 7 horas que permanecí tratando de explicar qué es eso “tan extraño” de la catequesis familiar, podría escribir 2 o 3 diarios como este que están, ahora, leyendo. Sin embargo, ahora me limitaré a decir algo de lo que o veía desde mi stand y, claro, en las veces que he salido a visitar todo lo que he podido.

No será extraño, ni le causará estupor a nadie, si digo que, este apartado de la Feria de las Familias es como una sede de las Naciones Unidas pues es fácil ver, y escuchar en sus lenguas, a personas de muchas partes del mundo, y de todos los colores de piel (desde aquí mi profundo respeto por todas ellas) por lo que la riqueza de entablar conversación con cualquier persona que ha venido allende los mares no se paga con todo el oro del mundo. Ni tampoco la posibilidad de conocer las múltiples, múltiples, múltiples (no me he equivocado, lo he puesto a caso hecho, en su verdadero sentido, de requetemúltiples) realidades que tiene la Iglesia, y esa forma de ser uno solo. ¡Esto, creo yo, es maravilloso!.

Todo es riqueza, desde las muchas editoriales, como he dicho antes, pasando por emisoras de radio y televisión católicas, múltiples órdenes religiosas que nos emocionan con sus hábitos (¡hoy día que tan extraño es verlos!), diversos movimientos (Focolares, Opus Dei, Congregación de los Legionarios de Cristo -¡Tan denostados últimamente, al menos eso se intenta-, Movimiento de la Vida Cristiana, muchas fundaciones (Acción Franciscana, Ad Gentes, Dasyc, Juan Pablo II, San Vicente Mártir, etc, etc, etc) y muchos más que espero me perdonen no haberlos nombrado. Aunque no puedo dejar de nombrar a unos visitantes muy especiales, que yo ya añoro en este corto tiempo que ha pasado desde que abandonamos, ayer a las 9 de la noche, cuando cerraron, aquellas instalaciones. No son otros que los representantes de las tiendas que en Tierra Santa (lo escribo todo en mayúsculas porque para mí lo es, mayúsculo) que han traído aquello que fabrican y hacen con sus manos, para que disfrutemos todos, gocemos y por qué no, lloremos, al tener en nuestras manos un pequeño puñado de la tierra que pisó Jesús, una minúscula cantidad de agua del río Jordán, o una cruz hecha con olivo de Belén. Son pequeñas cosas, quizá insignificantes, pero que son símbolo importante de nuestra fe y en esto también se nota esa falta, su falta.

Antes de ir acabando, tengo que hacer mención de la Asociación Civil Fundación Betania, de Venezuela que, además de obsequiarnos con agua bendita de la cueva donde se apareció la Virgen, por primera vez el 25 de marzo de 1976, junto con una dulzura y amabilidad que son de destacar, nos obsequiaron, digo, con cuatro piezas cantadas a coro (al menos yo oí cuatro) para acabar con una Salve maravillosa. ¡Gracias y gracias!, ¡Que Dios bendiga a esa santa nación venezolana!.

El caso es que en todo aquel maremagnum, bien ordenado, eso sí, se respira un ambiente de paz, de alegría, de entrega por los demás, de ganas de informar, de dar a conocer, de darse a conocer, de manifestar esa voluntad tan necesaria hoy día del “estoy aquí, escucha lo que digo porque quiero decirte que soy feliz, y quiero que tú también lo seas”. Ese ambiente de gozo se palpa: ni una mala cara, ni un mal gesto, todo es amabilidad, donación gratuita de tiempo y, muchas veces, de bienes materiales que, hay que decirlo, facilita el conocimiento mútuo. ¡Y qué decir de los voluntarios!, todo agradecimiento es poco.

Es, todo esto, todo lo que yo he visto desde mi stand, mucho rato parado mirando a quien pasaba, religioso, laico, blanco, negro, amarillo, con trajes propios de sus naciones, con sus banderas (todas bajo la misma bandera de Dios), con sus propias cosas que compartir; todo esto, digo, y repito que es una sensación tan cierta como que ahora es noche cerrada, que ya estoy deseando que llegue el momento de volver, esta tarde, la de hoy 6 de julio de 2006, momento en el cual del reencuentro con esa gracia de Dios sólo puede salir bienestar para el alma, un dulce fruto que recogerá mi corazón, ya dispuesto, él mismo, para ser sembrado por la semilla del amor y de la fe. Y yo, con esto, ya tengo bastante.

Es así como sigue este diario. Día 6º de la novena de las Familias:
6 de julio de 2006, miércoles, festividad de Sta. María Goreti.


Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho

05 julio 2006

Diario de un encuentro (7) - 5 de julio de 2006 - 5º día de la novena de la Familia


De Congreso, con Dios en el corazón

Hoy tengo que decir que estoy, aún, emocionado.

Ha sido un día intenso el de ayer, y mientras escribo esto, a las 22:45 del mismo ayer 4 de julio, para este hoy, 5 de julio, en una vuelta atrás que me gusta y amo, tengo que decir, repito, que la emoción ha culminado su trabajo, y si a esto sumamos que estoy oyendo el disco compacto que el grupo Alborada, el mismo que ha elaborado la canción oficial titulada “En Familia” y que la canción que estoy escuchando, una y otra vez, es “Elegida de Dios” en la que dice, entre otras cosas que “María dijo sí arriesgando muchas cosas, confió en el Espíritu y asintió”, pues qué quieren que les diga, trabajo me cuesta reprimir, ¡que no quiero!, las lágrimas que en este momento me caen.

Pero sé que tengo que continuar. Quizá alguien espere leer qué sucedió en el día de ayer, hoy mientras escribo esto, y no puedo defraudar a esa persona que, quizá sea sólo un sueño, cree tener, en esta humilde fuente que soy yo, un contacto más cercano a esto del Encuentro de las Familias.

Y así, vamos a lo de ayer-hoy.

Nos recibe una música celestial, se oye estupendamente, y sale de las bocas de un coro al que comanda el maestro del mismo, al órgano. La sala es impresionante, miles, miles, de sillas bien dispuestas, a las que les han colocado ejemplares, uno por cada día de los transcurridos hasta hoy desde el 1 de julio, del periódico “Paraula”, del Arzobispado de Valencia, que, a modo de prensa oficial del evento, elabora una edición diaria, gratuita (¡sí señor, tremendo esfuerzo el que hacen!, cuando, en tiempos ordinarios, sale un ejemplar a la semana, pues es un semanario). Desde aquí las gracias, miles, tantos como personas van a ser conocedoras de lo que pasa de primera mano, directamente, en el ya de ahora mismo. ¡Un gran aplauso!. Gracias, repito. Porque, además, viene en varios idiomas, incluido el latín. ¡Chapeau!.

Como dije ayer, se ha suspendido, causa de eso es el accidente del metro de ayer 3 de julio, el acto formal de comienzo de los Congresos Teólogico-Pastoral, de los Hijos y de los Abuelos. Y, directamente, tras una oración y la lectura del Evangelio, el Emmo. y Rvdmo. Card. Alfonso López Trujillo - Presidente del Pontificio Consejo para la Familia- ha dado explicación de la razón de que la tarde de hoy sería más corta, pues tenían intención de acudir, como no podía ser de otra forma, al funeral a celebrar en la catedral de Valencia, a las 7 de la tarde, cuando todo esto del Congreso, debía de terminar a las 8’30. Sin embargo, todo fue aceptado con gozo, porque la razón merecía la pena. Esa oración en ese recinto sagrado vale por todas las ponencias que se han acortado y la misma del Cardenal Trujillo que ha tenido que dejarla para otro mejor momento.

Muchas veces, creo que muchas personas pensarán esto, cuando una cosa se concentra, el resultado mejora, si cabe, lo que iba a ser extenso, como un, a modo, de esencia que, al destilarse en los oídos, los colma de dicha. Y creo, modestamente, que esto ha sido así.

Los dos ponentes que quedaban para decir lo suyo, el Emmo. y Rvdmo. Card. Carlo Caffarra - Arzobispo de Bolonia, Italia y el Profesor Xavier Lacroix – Decano de la Facultad de Teología, Universidad de Lyón, Francia, han desarrollado sus ponencias de forma concentrada, haciendo más de una indicación de que se saltaban algún párrafo para que se comprendiera el hilo de la ponencia. “Familia y laicidad” el primero de ellos, "La familia y el primado de la fe en un mundo secularizado", el segundo. Dos temas actuales, de hoy, importantes, decisivos, incluso.

Por decir algo de cada uno de ellos, a los dos se les oía con gusto, ensimismado, yo, por el conocimiento que tenían de lo que hablaban, diré que el Sr. Cardenal Cafarra, al hablar de laicidad se ha mostrado bastante preocupado por la situación actual, llegando a decir que “se está oscureciendo la verdad del matrimonio”, con todo lo que esto supone para el desarrollo de una sociedad que ha de sustentarse en la igualdad y no en el beneficio, negativo, de las parejas homosexuales (esto lo dijo en relación a una norma aprobada en enero de este año por el Parlamento europeo en el que se supravalora la unión de homosexuales y se llega a tratar de homófobas a aquellas personas que puedan atacar, de cualquier forma, aquella idea de que, supuestamente, vale tanto un matrimonio, el heterosexual, como el otro, que, además, no es, ni puede serlo nunca) y que todo esto, ese intento de hacer descreída a una sociedad sólo pueda tener como consecuencia de hacer una sociedad de desconocidos, lo que acabará, irremisiblemente digo yo, con lo que él ha llamado con el establecimiento de una sociedad en la que se negocie la coexistencia, en unos egoísmos opuestos. Nada edificante, a lo que parece.

Sin embargo, dejó dicho algo positivo y fue lo que sigue: el hombre, el ser humano, se ha de apoyar, para su existir, en la belleza y la santidad, que no es otra cosa que “el esplendor de la verdad y de la bondad propia de la persona humana”. Eso es mucho mejor, para acabar, creo yo.

Por su parte, el Sr. Lacroix, como laico, y, por eso, pienso yo, arraigado muy bien, supongo yo, en la sociedad plural de Francia, conocedor de la problemática de la familia, ha incidido en el propio hecho de ese grupo humano que constituye la célula básica que siempre nombramos así y que no es otra cosa que la familia.

Destacó que las familias cristianas son signo para el mundo de hoy, tan apartado de Dios, añado yo, y por eso, los valores que definen a las mismas son muy distintos de los valores de la sociedad en la que viven, esto lo dice él. Pero para querer de verdad hay que creer en las posibilidades del otro porque la confianza es nuestra fuente de vida.
Ha hablado de las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad, como instrumentos, esto lo digo yo, de la vida matrimonial y, analizando cada una de ellas, nos ha, me ha, hecho comprender que, efectivamente, son elementos tan importantes que sin ellos no es posible entender la vida matrimonial que pueda ir, siquiera, medio bien. Y ha traído a colación una expresión de Benedicto XVI y es que la Familia es una analogía del misterio de la Trinidad, y yo creo que esto ha sido muy interesante porque es enriquecedor que personas que conozcan de lo que hablan ayuden a los que tratamos de forjar una vida mejor, y esta vida mejor es sustentará bien si los pilares son fuertes, si no aniquilamos el alimento diario del amor y la comprensión.

También ha hablado, como no podía ser de otra forma, de la relación entre padres e hijos. Ésta se ha cimentar sobre la fidelidad, sobre la fides (ha utilizado este término latino que yo creo que está muy bien traído) porque, ha dicho, no se puede transmitir la vida sin fe en la vida, y que cada hijo lleva un misterio que la ciencia no puede explicar y que en los ojos de un recién nacido pueden verse misterios vertiginosos, ejemplo claro de que es un Don, una gracia, un regalo de parte de Dios que es Padre de esa creación.

Ha traído una frase que a mí me gusta mucho, porque la he utilizado muchas veces en la catequesis con los padres de niños en vías de su primera comunión. Y esta no es otra que la dicha por Ciprinano de Cartago y que la Iglesia es madre y Dios Padre. A mí me gusta, sobre esto, y lo digo por aquellas personas que dicen que creen en Dios pero no en la Iglesia, aquella derivación de aquella que dice que no puede tener como Padre a Dios si no tiene a la Iglesia como madre. Creo que, con esto está todo dicho, al respecto porque es, creo, inapelable. Y que ha casi rematado su intervención diciendo que nuestra 1ª Familia es la Iglesia, es la mejor comunión.

Y con esto nos hemos ido, casi dos horas y media antes de lo previsto por sucedido, imprevisto, ayer, en las vías de la estación de Jesús, viniendo de la de Plaza España. Y es que las lágrimas, con las que empecé este escrito, y que venían de la contemplación del día 3 de julio (¡ya han pasado dos días!) y de todo lo sucedido, no pueden hacer otra cosa que tornar donde solían, a marcar un camino cierto, una senda que recorrer con la amargura del adiós y la seguridad de vernos en el Reino de Dios, donde todos seamos uno en Cristo, allí, donde no hará falta esperanza porque habremos colmado nuestra dicha, donde no hará falta fe porque no será necesario creer sin haber visto porque veremos y donde sólo, sólo, la caridad prevalecerá, ley suprema del Reino de Dios y de aquí también, entre estos mortales más mortales, ahora, que nunca.

Amén, Amén, Amén.

Es así como sigue este diario. Día 5º de la novena de las Familias:
5 de julio de 2006, miércoles, festividad de S. Antonio María Zacarías.

Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho

04 julio 2006

Diario de un encuentro (6) - 4 de julio de 2006 4º día de la novena de la Familia


Paseo por Valencia
Ayer, 3 de julio, fue un día triste y un día alegre. La tristeza viene a lomos de la tragedia; la alegría, que, además, debe coadyuvar a que la primera se mitigue, viene en brazos del ambiente que se puede percibir, cada vez más, en Valencia.

Tristemente, como creo que sabrán todos, en la línea 1 del metro de Valencia, se produjo un accidente que ha causado 41 muertos y más de 40 heridos. Yo pasé junto con mi hijo Santi, tan sólo 15 minutos antes, casi por ese mismo trágico punto, en otro convoy. Esto, dentro de esta semana de la Familia que, con tanto esfuerzo, se ha estado y se está preparando en la ciudad del Túria, ha causado la lógica reacción de estupor y el consiguiente arrebato de dolor. No se puede esperar otra cosa cuando unos vecinos, quizá algún peregrino que haya venido hoy mismo, o ayer, para esta semana tan buena, han perdido esta vida de esa forma tan inesperada.

Nada mejor que una oración por esas personas, por esas familias que deben estar pasando un momento malo, amargo, alejado de cualquier ilusión. Pido a Dios, en la seguridad de que así será, que los tenga en su glora, que conforte sus corazones perdidos de este mundo y que, por último, a aquellos que quedamos entre los vivos de aquí colme nuestra esperanza de paz y de amor por todos ellos.

Estos momentos, puedo asegurarlo, no son lo mejor que pueda pasar en la vida.

Sin embargo, el mundo, a pesar de todo lo que nos pase, a nosotros mismos, a algunos conocidos o a aquellos, como este caso, a los que seguramente no hemos visto nunca, digo que el mundo sigue rodando, tristemente podemos pensar que así es, pero que también sabemos que no rodará igual y que, por eso, haciendo de tripas corazón, hemos de seguir caminando hacia ese final, este final de ahora, el día 9 de julio, que es el último, de esta semana que luego tendrá continuación en la expansión que, seguro, producirá, como consecuencia, la visita y todo lo que lo ha rodeado y rodea a la misma.

Ayer, por otra parte, y haciendo honor al título que he puesto al diario del día de hoy, paseé por Valencia, concretamente por la zona central de la Fe, por la plaza de la Reina y por la Plaza de la Virgen.

He pasado por el Palacio Arzobispal, lugar donde el Santo Padre va a descansar los escasos momentos que le dejemos, pues su calendario es bastante apretado, como puede suponerse. La fachada, primorosamente adornada con fotos de Benedicto XVI y banderas del Vaticano (con esos colores blanco y amarillo que tanto adornan los balcones, ventanas, y otros muchos sitios, de Valencia) es la que acompaña al diario de hoy, éste que están leyendo, y su ubicación, justo detrás de la catedral, en la calle de la Barquilla, para quien la conozca, viene a ser como un lugar acariciado por la mano de Dios pues es, por parte del hombre, un intento de no permanecer lejos del Padre, al menos de su casa, quizá como un anhelo que fortifique su espíritu.

Y el ambiente que se vive en las calles de Valencia, sobre todo cuando te vas acercando a la catedral y a todas las calles que rodean a este edificio digno de visitar (recomendación que hago extensiva a todos los visitantes que vengan ahora y siempre) es un ambiente, digamos, familiar. Las insignias, mochilas, banderas que identifican a todas las personas relacionadas con el V Encuentro Mundial de las Familias nos constituyen, tengo que decirlo como lo pienso, como en un grupo numeroso, variado, diverso pero unido y único, lo que hace, este hecho, que la consideración de ser hijos de Dios se vea reforzada, si cabe para quien así lo cree, en este momento: sabemos, mejor que nunca, que estamos aquí porque sobre nosotros recae una filiación divina digna de tener en cuenta y de la que no podemos adjurar, olvidar, dejar atrás como algo molesto. ¿Qué hace mucho calor? ¡Pues claro!. Mucho mejor. Yo siempre he pensado que cuando una cosa se consigue con esfuerzo se saborea mucho mejor pues el resultado de lo que hagamos podremos amarlo más si es cosa nuestra, de una mano y de un corazón esforzado.

Eso es lo que sentía ayer, 3 de julio de 2006, viendo engalanadas las calles con pendones (¡perdón por esto!) con los colores vaticanos, y adornadas las calles con claveles blancos y amarillos (creo que eran claveles porque yo, de plantas, no entiendo mucho), con objetos con referencias a Benedicto XVI por casi todas partes y con la sensación de que, inmediatamente, y aunque sea por sólo unas horas, Valencia, España, será el centro del mundo, aunque muchos no lo quieran, que, con la entrega de muchos, de todos, de una forma u de otra, que creemos en el Dios Único, Creador de lo visible e invisible, el resultado será visible para todos e invisible para las almas de los que participemos en presencia o en espíritu, que todo vale si es bien entendido y llevado a cabo.

Hoy mismo, a las 16:00 dan comienzo los Congresos ya citados muchas veces (Teológico-Pastoral, de los Hijos y de los Abuelos) con un acto y diversas ponencias. Iban a participar el Excmo. y Rvdmo. Mons. Agustín García-Gasco Vicente - Arzobispo de Valencia, además de diversas autoridades y a correr a cargo del Emmo. y Rvdmo. Card. Alfonso López Trujillo - Presidente del Pontificio Consejo para la Familia - la Conferencia Inaugural. Sin embargo, estos actos, podríamos llamar, festivos, han sido suspendidos, por el citado accidente del metro, manteniéndose el resto del programa. Si Dios quiere daré cumplida información mañana, día 5 de julio, al menos de lo que, al fin y al cabo, se haya producido, teniendo en cuenta la suspensión a la que acabo de hacer referencia.

Queda dicho lo que siento en este día triste y alegre.

Desde aquí pido, humildemente, a Dios, que acoja a las almas que acudan a su Reino sin la preparación a la que hace referencia la Sagrada Escritura, ya que, efectiva y tristemente, nunca sabemos cuando podemos ser llamados. ¡Aquí está el ejemplo!; del resultado del ruego estoy más que seguro, tal es su misericordia.

Descansen en paz.
Amén.


Es así como sigue este diario. Día 4º de la novena de las Familias:
4 de julio de 2006, martes, festividad de Sta. Isabel.

Eleuterio Fernández Guzmán
Laico y Licenciado de Derecho